miércoles, 22 de julio de 2009

Las Hambrientas Llamas

Sufrimiento, dolor, agonía, impotencia… Las llamas devoraban inexorables las casas del pequeño villorrio, ellas mismas, sin conciencia alguna, parecían jactarse de la destrucción a la que estaban dando lugar… hogares de campesinos, de artesanos, de orfebres, toda una vida conseguirlo y tan solo unos segundos ver como sucumbían estoicos estos hogares hechos de piedra, madera y sueños.

El acero entrechocaba, se podían ver los destellos que proferían algunas armas, destellos de vida que vaticinaban el pronto quebrar de la maltrecha hoja, al igual que los escudos, dentro de poco romperían, caerían, pues los que ya yacían tendidos en el suelo no auguraban mejor desenlace.

El sonido de la brisa, el piar de los pájaros, el leve murmullo del fluir del agua en el rió sobre ese lecho de oscura piedra se había sustituido por los chillidos desgarradores de las mujeres que corrían y de los niños que morían al ser lanzados al interior de las casas en llamas. Los hombres exhalaban su último aliento antes de caer tendidos sobre la tierra mojada de su propia sangre y agua, con la mirada perdida, tendidos cual muñeco de trapo esperando que al menos los dioses sean más piadosos...

Y entonces empuñó la espada, la espada que hacía apenas unos segundos esgrimía con escasa habilidad su padre, espada que ahora había sido tomada de su mano inerte, fruto del hacha de ese hombre encapuchado, ese hombre que miraba bien pagado los estragos que causó su acero todavía rió más cuando vio lo que el chico parecía defender, dos mujeres abrazadas en mitad del salón, madre e hija, llorando la muerte de un ser querido. El joven les dedicó la que el sabía que iba a ser su última mirada, es por eso que estaba rendido a su destino. Ya no temblaba, ya no dudaba, su diestra aferró la hoja tan fuerte como si fuera su último aliento en vida, pues lo era. Oteó entre las ruinas del resto de casas, había más hombres intentando defenderse en vano, tratando de sesgar almas a golpe de piedra y rastillo. No pidió auxilio, no suplicó perdón, un hombre debe enfrentarse solo a su propio destino.

Tomó la hoja con ambas manos y respiró tranquilo, la hoja no temblaba, pues en él había paz, su voluntad era inquebrantable, pues confiaba en su habilidad y lanzó antes de abalanzarse sobre el enemigo enarbolando la hoja por encima de su cabeza sus últimas palabras al aire, la mejor hoja que alguien puede guardar sin necesidad de una vaina.

-¡Por la justicia! ¡Por la equidad! ¡Honor y Templanza! ¡Fé y no a la desesperanza!-.








domingo, 12 de julio de 2009

Otro dia igual que siempre

Saludos compañeros... sin mas que decir... espero sorprenderos con nuevo relato aquí, en nuestro plácido remanso de parálisis mental.

Al fin mis quejas se oyen, al fin mis súplicas han dado fruto tras ocho años de trabajo, ya iba siendo hora de que el jefe me concediera ese aumento de salario, no lograba creer que solo faltara plasmar mi firma en ese papel para que se cumpliera. Y empieza a sonar esa maldita musiquita. ¿Un despertador en el despacho?, no, un despertador en mi cuarto, frustrador de todos mis buenos sueños, de todos mis logros imaginarios… Lo apagué de un golpe y resté unos segundos en la cama, no queriendo levantarme de ella, esperando poder vegetar unos minutos más, pero no puede ser así si quiero conservar el empleo…

En fin, sin encender la luz tanteo a oscuras con los pies, en busca de esas zapatillas de ir por casa, pero nada, descalzo me dirijo a la silla donde dejo preparada la ropa para el día siguiente y pongo rumbo al cuarto de baño, veamos cómo me trató la vida un día más.

Enciendo la luz y veo al mismo perdedor del día anterior, solo que con barba de un día más y más ojeras si cabe. Desganado, me dispongo a cambiarme cuando recuerdo que esta semana me han cambiado el turno y empiezo una hora antes, me acabo de cambiar a todo lo que dan mis brazos; cojo los zapatos, me los pondré mientras sube el ascensor, ni me preparo el desayuno, cojo las llaves y salgo escopeteado por la puerta cual alma que trajo el diablo… Buena manera de empezar el día, y esto es solo el principio.

Cuando finalmente llego veinte minutos tarde al trabajo, tras los quince kilómetros que me separan de la oficina, maldita la suerte, la primera persona con la que me cruzo es el jefe de personal, y como no, me vio sin afeitar y con la corbata a medio poner,yo pensaba acabar de arreglarme una vez entrara y fichara, pero el maquiavélico plan no iba a poderse desempeñar. Aquel hombre enrojecía por segundos al igual que hinchársele el pecho, si en ese momento hubiera tenido una aguja en la mano y le hubiera pinchado seguramente hubiera explotado como un globo de fiesta.

-¡Maldita sea Rodríguez! ¡Qué desfachatez la suya de presentarse en tan deplorable estado a su trabajo!-. Debido a los gritos algunos de mis compañeros empezaron a asomarse al pasillo para ver sobre quien se estaba descargando ese aluvión de chillidos. Para aquel entonces, el jefe estaba tan rojo como un fresón y no cejaba su empeño en continuar con la bronca, bronca que no tuve más remedio que soportar con la cabeza gacha.

- ¡Esto es una completa burla hacia el resto de compañeros que si que vienen en las condiciones idóneas a la oficina!, ¡Como esto se repita una vez no seré tan indulgente y la siguiente vez que pase esa puerta será con todos sus bártulos de camino a su casa! ¿Entiende?-.

- Si señor, lo lamento.- La primera mentira del día.

La cosa no parecía mejorar, pero al menos la gente había vuelto a sus quehaceres y tras los cinco minutos que precisé para arreglarme ya estaba atendiendo llamadas de los clientes cabreados durante todo el día, como siempre.

Finalmente se hacen las seis de la tarde, recojo mis cosas y como alma que trae el diablo me monto en el coche, pudiendo escapar al fin de esa prisión, enchufo la radio y pongo rumbo a mi casa, buscando algo de descanso reparador, enchufaré la televisión e indagaré esperanzado de encontrar algo decente entre todos esos canales de telebasura gratuita.

De repente, algo me hace salir de mi ensimismamiento, veo, tarde, una mancha negra en mitad de la calzada, doy un volantazo, pero lo único que logro es hacer que se deslice mejor, perdiendo el control del coche, miro hacia donde se va a producir la colisión, pero no la va a haber, puedo ver cómo lo único que hay más allá del quitamiedos es una caída en pendiente de una veintena de metros. De pronto… oscuridad…

Algo se ilumina en mi mente, y veo un niño pequeño caminando torpemente, sujetándose antes de caer en los pantalones de una preciosa mujer de cabellos dorados… mi madre, y mis primeros pasos, se ilumina todo, y es el mismo chico, mirando fijamente a una niña de su misma edad, se siguen mirando tímidamente a la par de se acercan sus labios y se juntan por apenas unos segundos… Lo siguiente son una buena cantidad de los que deben ser los amigos del mismo niño, todos jugando con un balón, corriendo detrás de él, disfrutando, riendo, pues ellos no tienen responsabilidades y son libres. Puedo ver ahora las llaves de mi primer coche, fue un regalo sorpresa para cuando me saqué el carnet, puedo ver también a la que fue mi primera novia, radiante, como siempre, mientras estamos sentados en la arena de la playa observando un amanecer de verano… La historia de mi vida a cámara rápida…

Quizás debería haber visto todo eso, haberlo sentido, mas no fue así… seguramente ya estaba muerto…






lunes, 15 de junio de 2009

Por esos pequeños momentos...

¿Cuantos de nosotros no habremos dejado pasar algo por alto? ¿Cuantos habremos sabido sumergirnos en las maravillas de un paisaje, de una obra de pintura, de una escultura bien trabajada o la simple belleza de ver como el sol desaparece a la lejanía, ocultándose lentamente tras esas montañas abruptas, que a la par que se muestran mas oscuras, mas bello se torna el paisaje?

Vayamos a otros momentos mas simples si cabe, ¿Cuantos hemos visto un huevo eclosionar? ¿Cuantos vimos como un bebé toma su primer aliento de vida?, el primer aliento que romperá en un lloro enternecedor, pues significa el comienzo de una plena existencia...

A eso me remito... a cuantos de nosotros hemos sabido identificar esos instantes y nos hemos podido regocijar en ellos. Desgracidamente pocos.

No saliendo demasiado del tema, en un estudio no demasiado reciente, pero que tampoco se demora a años, un grandioso violinista como lo es Joshua Bell, entró en un metro, y empezó a hacer sonar dulcemente su Stradivarius. (Para los que no conozcan del tema, un violín de sublime calidad, los mejores hasta la época y valorados en millones de euros). Pues tras casi una hora de interpretación no logró llegar a amasar siquiera cuarenta dólares, cuando la noche anterior, en un recital las entradas llegaron a pagarse por mas de mil de estos.

Bien, pues de toda la gente que pasó frente a el, de cientas de personas, tan solo una fué capaz de reconocer a tan hábil músico e intercambió palabras con este.

¿Que sacar de todo esto? Las ocasiones hay que saber identificarlas, hay que saber aprovecharlas, no hay que esperar a que lleguen otra vez, pues cuando pasa el tren, es posible que sea el último en pasar. No esperéis a que alguien os diga cuales son las cosas de las que hay disfrutar, buscadlas, identificaos con ellas, sed capaces de identificar a Joshua, sed capaces de saber admirar unas notas, si sois capaces de admirar una, mas preciosa encontraréis la melodía. Pararos, y disfrutad.

Todo está cerca de vosotros, aunque no os deis cuenta, esa persona especial, si, decidselo, no os calleis, cuanto antes se lo digais más tiempo tendréis luego que disfrutar, esa noche que al final decides quedarte en casa porque estás algo cansado siempre es la noche que ocurre algo fuera de lo común.

En vuestras manos está el poder ser felices, el poder disfrutar de la vida, el sentirse que el tiempo se está aprovechando bien...

Solo vosotros podéis saber que es lo que tenéis que hacer...














domingo, 3 de mayo de 2009

La senda

¿Que haceis aquí?¿porqué?¿debido a qué?, vosotros lo debeis saber, que camino llevar en la vida, porque hoy, mis amados reos os voy a distraer unos instantes de vuestra reclusión con unas palabras...

Bien sabreis que nadie nace sabido, que el camino se hace al andar, y que para empezar algo hay que dar el primer paso, si, esta vez son palabras esperanzadoras, para ayudaros a vosotros mismos y que asi os ganéis el pase a abandonar vuestra celda, el pase a vuestra libertad.

Sabreis también, valgame la redundancia, que las cosas nunca salen como uno planea, que todo se tuerce en el último momento, justo cuando pensamos que va a acabar bien... Y es bien cierto, más no hay que desesperar, pues cuando algo sale mal, algo luego puede salir bien, todos sabreis o bien conoceréis la tipica cita que trata de la ventana abierta tras darse con la puerta cerrada, deberéis buscarla, os estancaréis una y otra vez, os tropezareis una y otra vez, pero a base de golpes aprenderéis.

Disculpad que emplee tanta frase hecha en tan solo unas pocas frases, mas era necesario, pues recordad reos mios...

No lloreis si os perdeis, porque las lágrimas que anegarán vuestros ojos no os dejaran ver el otro camino.











jueves, 16 de abril de 2009

Reclusión

Recluido en mi pequeña y oscura habitación, estrecha y angosta, con olor a humedad, de aspecto lúgubre, iluminada por la intermitente leve luz que desprende una vieja y sucia bombilla que así anuncia que se acaba su vida... ahi es donde cada vez me gustaría mas reposar...

Dia a dia por todos los medios nos muestran una actualidad cada vez mas bizarra, mas inhumana, mas precaira, quiero creer que no esta disfrazada... quisiera... mas se que no es asi e intento ocultármelo a mi mismo... que ironia, pues a través de un disfraz cual vulgar cartel provisto de una pequeña rendija nos van suministrando pequeñas raciones de información, como su fuera la comida de un reo, la suficiente para vivir, es esa la informacion que creen que debemos saber.

Seguramente se me tachará de exagerado, de extremista, de loco, de paranoico... mas mis personalidades piensan igual que yo, asi que veo que no ando demasiado errado.

La humanidad está mas corrompida de lo que se cree, hay cierto tipo de gente que cuando ya lo tienen todo y están podridos no dinero usan estos fondos para perversos placeres que sufrimos el resto de gente... excéntricos placeres, hasta el punto de vejatorios, inhumanos y depravados... supongo que mucha gente sabrá ya de que hablo, y los que no, no quiero inundar mi pequeño manicomio de regueros y regueros de sangre... pues será lo que encontraréis si buscais bien...

En fin... no solo por esta cosa... sino por muchisimas mas es por las que habría que buscar algo que hacer, que no voy a enumerar pues no hay letras en el mundo para acabarlo y mi mente parece ser que ya ha saciado su sed de extrañas divagaciones... ¿pues que puede hacer una pequeña hormiga para reinstaurar un correcto orden en el hormiguero?... acabaré encerrado en mi pequeña habitación...



lunes, 30 de marzo de 2009

A veces pienso lo que digo, a veces creo que no se lo que digo, mas lo que digo no tiene porque ser lo que creo pese a ser un gran error y por ello debo redimirlo.

El devenir del tiempo y su inexorable avance me incita a reflexionar, liberar la mente y pensar, es entonces cuando veo que si pienso lo que digo mis palabras ganan mas peso y es entonces cuando veo que es lo correcto, es por eso que no encuentro motivos para alzar la voz y pregonarlo a los cuatro vientos.

Basta con saber que uno hace las cosas bien, despacito y con buena letra, demasiadas veces son las que nos gustaría que alguien nos diera ese empujoncito y nos susurrara al oido diciéndonos que vamos por el buen camino, mas uno mismo debe darse cuenta que si avanzamos poco a poco llegaremos a tiempo.

El autodescubrimiento, es conocerse a si mismo. Nadie se conoce bien a si mismo, nadie sabe describirse dando una descripción completamente fidedigna de uno mismo, es por eso que debemos explorarnos a nosotros mismos, pues no descubriremos el mar si no abandonamos la costa.

Aprovechad estos dias para pensar, para disfrutar, para descansar, leer, reflexionar, averiguar, descubrir, sonreir, sentiros bien, pues pensad que la sonrisa es algo propia de la vida, ¿o acaso hay algun bebe que no sonria?.

Dejad el cuerpo en vuestra carcel personal, que repose tranquila en el manicomio, mas llevad a la mente bien lejos del purgatorio.

Una gran parte de nosotros yace sumergida en el subsconsciente, ¿Hasta donde lograréis llegar?

sábado, 6 de diciembre de 2008

Un paseo para el recuerdo

Saludos reos... esta noche viene de la mano otro relato, no os podeis quejar, ultimamente os estoy dando demasiado cosa con que entreteneros... en fin... disfrutad...



Otra cita más, otra tarde de invierno esperaba cual estatua ecuestre al lado de la cafetería donde siempre quedábamos. Hacía un frío que helaba las piedras, seguro que un esquimal se sentiría como en casa, y para empeorar, los minutos parecía ser que no avanzaran, ya no sabía si llegaba tarde o es que llegué media hora antes… como siempre. Miré el reloj, las cinco y media, pasaban ya diez minutos, no es mucho, a saber lo que faltaba… gracias a dios, esa tardanza siempre ha creado en mi esa sensación en la barriga, esa especie de cosquilleo, que permanecerá hasta verla aparecer.

No dejaba de mirar hacia la esquina por la que siempre dobla, a cada dos por tres, no podía evitar lanzar alguna fugaz mirada hacia mi reloj, muy rápida, quería verla justo cuando apareciera, no cuando ya estuviera a mi lado. Pasaron diez minutos, quince, veinte y casi tocaban las seis cuando Alicia torció la esquina, la miré sonriente, ella sonrió también cuando me vio, haciéndole aparecer esos hoyuelitos en los mofletes, apenas distinguibles, porque iba abrigada hasta las orejas. De debajo del gorro se podía entrever que llevaba su corta melena recogida en una coleta, esos preciosos ojos verdes, y la sonrisa de oreja a oreja que me estaba dedicando. No es que tenga un cuerpo de modelo ni mucho menos, pero es agradable y simpática, siempre me sentí atraído por ella, pero nunca tuve el valor de decirle nada...

Cuando llegó a mi lado nos dimos dos besos y un pequeño abrazo.


-Disculpa… ¿llevas mucho tiempo esperando?

- Ah, ni idea, el tiempo pasó volando… bueno, el parque nos espera, ¿vamos? –Le dediqué una sonrisa a la vez que ella se cogió de mi brazo, risueña como siempre, y nos dirigimos tranquilamente al parque donde últimamente íbamos a dar un paseo a un parque precioso que había a apenas quince minutos del centro de la ciudad a contemplar el estanque congelado y los árboles cubiertos de nieve.

-Mierda –Pienso para mi mismo-

De repente sentí un pinchazo en el corazón, y como bien predije, a los pocos segundos, empezó a bombear a una velocidad alarmante. Rápidamente y sin que Alicia se diera cuenta cogí las pastillas que me recetó el médico para estos casos con el otro brazo y me la tomé, a los pocos segundos, el corazón retomó su ritmo normal. No es nada preocupante, y me pasa muy pocas veces, así que no había porque alarmarse, además, esta tarde la iba a dedicar solo a ella.

Casi todo el paseo permanecíamos callados, me dijeron una vez que manténgase callado si usted no puede mejorar el silencio. Entre mi timidez y la suya, alguna vez reíamos por un par tonterías y poco más… básicamente paseábamos y nos sentíamos bien el uno con el otro… Quizás ahora sería buen momento para decirle que la quiero… o mejor la sorprendo con un beso… no se qué hacer… quizás sino fuera tan tímido… venga va, ahora, me paro, la tomo por los hombros y se lo di…

No pude acabarlo, a la que me di cuenta, Alicia me había quitado el gorro y corría con él mientras se deshacía en carcajadas. Pues no iba a quedarme atrás, pensé, me lancé detrás de ella a seguirle el juego, ya que no parecía que iba a detenerse. Tampoco corrí a fondo para hacerlo un poco más largo, pero finalmente la alcancé y aprovechó para tirarme de espaldas contra un montón de nieve. Ella se dejó caer de lado y se quedo mirándome fijamente a la vez que sonreía… Ahora era el momento, no, espera, parecía que ella fuera a decir algo, abrió la boca, pero no dijo nada, y los mofletes se le sonrojaron un poco. Vamos Rubén, lánzate de una maldita vez… pero no me lancé, lo único que hice fue tenderle el gorro que me ha cogido.

-Para ti. –Ella puso cara un tanto extrañada-. Si es un regalo, toma.

-¿Porque?

-Somos amigos… ¿no puedo regalarte algo porque si? –Se encogió de hombros y lo cogió a la vez que sonreía, esa sonrisa me volvía loco, hacia que la quisiera más… si eso era posible… Nos sacudimos la nieve y dejamos el paseo por esa tarde.

Cuando fuimos a separarnos, ella se ruborizó un poco y volvió a abrir la boca, pero esta vez habló.

-Quizás hoy querrías acompañarme a casa… y no sé, siempre podríamos hacer algo… ver una película o lo que sea… ya que siempre damos la vuelta y cada uno marcha por su lado, nunca hacemos nada distinto…

No me lo creía ni yo, había sido ella la que al final se había lanzado y que encima decía de hacer algo distinto… me falta valor a veces… o siempre…

-Claro, vamos. –Ahora ya sí que no podía dejar de sonreír como un tonto, seguramente si estuviéramos luego un poco más tranquilos podría intentar declararme… quizás me lo diga ella pero no se… creo que Alicia siente lo mismo, aunque también es vergonzosa como yo… a veces quisiera no pensar, simplemente actuar… pero nunca pasa…

El tiempo de llegar a su casa se me pasó volando, nada más que pensaba cuando decírselo y a la que me quise dar cuenta ya estábamos ahí.

-Aquí es. –Rebuscó en su bolso, sacó las llaves y pasamos dentro.

Ya sabía que vivía en una casa, pero ahora que la veo, es sencillamente impresionante, las pareces estaban llenas de cuadros, y todos los muebles tenían cierto aire renacentista, siempre me gustó el arte y la verdad, esa casa parecía haber sido diseñada por el mismísimo Brunelleschi. Una vez en la parte de arriba, abrió una puerta que daba a una habitación que rompía la temática con el resto de la casa. Simplemente era una habitación normal, con un sofá enorme de piel, y justo delante de él, enmarcada en un armario lleno de películas una pantalla de plasma de unas dimensiones gigantescas.

Lo primero que hicimos fue quitarnos los abrigos y las bufandas, hacía frio, pero no el mismo que en la calle, por lo que Alicia encendió una estufa.

-¿Cual quieres ver? –Dijo a la vez que rebuscaba en esa cantidad ingente de películas.

-Pues… no sé, la que te apetez…

-¿Qué te parece Un paseo para recordar?

-Perfecto -. No sé porque, pero me huele a pastelada… al menos la veré con buena compañía...

Puso la película y rápidamente se acercó al sofá, se sentó y se recostó junto a mí… Pensé en decírselo en aquel momento… pero no, me rendí, por aquel día hubo suficiente, quizás me diría que no, y no quería estropear ese momento… le pasé el brazo por detrás de la espalda y apoyé mi cabeza contra la suya, mientras que me quedé mirando la película y alegrándome de poder estar junto a ella otro momento más…

Al cabo de bastantes minutos me desperté, mierda, esperé que no se lo tomara a mal. La película aún seguía y para sorpresa la mía, ella también dormía, apoyada en mi regazo… retiré con suavidad la melena de su cara y me quedé mirándola, embobado… podría haber estado así hasta el día del juicio final… de repente, noté otro pinchazo en el corazón, corrí a echar mano de las pastillas, pero… ¡esta vez el corazón no se acelera!, menos mal, una alegría, noté como el calor hacía mella en mi y sentí como mis párpados empezaban a pesarme más… y más… y me volví a dormir…

Abrí los ojos y vi que la película se ha acabado… ¿y esto? Vaya, me dormí en el regazo de Rubén, que también se había quedado dormido, que bueno es… ni siquiera me despertó. Miré el reloj. ¡Las diez ya! Me apresuré a despertar a Rubén, le cogí del hombro y le sacudí un poco.

-Rubeeen despiertaaaa –Canturreé-.

Pero Rubén no se despertó.

-¿Rubén? –Le volví a sacudir, un poco más fuerte, esa vez cayó de lado sobre el sillón y tampoco se movió, no pude evitar reprimir un gemido.

-¿Rubén? Si esto es una broma no tiene nada de gracia -. Dije bastante nerviosa, me acerqué a él y le busqué el pulso en el cuello, pero no lo encontré, el corazón no le latía. Reaccioné lo más rápido que pude, y me lancé a por un móvil para llamar a la ambulancia, pero casi ni podía teclear los números correctos, los dedos me temblaban como si fueran flanes y apenas podía coger bien el teléfono, y peor aún, las mismas lágrimas que están empapando el móvil, eran las mismas que inundaban mis ojos.

Finalmente logré marcar el número, pero entre mis lloros y mis balbuceos no sé si se habrán enterado de la calle o incluso de la ciudad… respiré profundamente intentado relajarme, no pude, y luego me dispuse a hacerle la respiración artificial, tal y como me habían dicho por teléfono, aunque más que devolverle a la vida creo que lo ahogaba a cada lágrima mía que resbala sobre su inerte rostro, tras lo que me pareció una angustiosa eternidad empecé a oír una sirena. Rápidamente abrí la puerta de la entrada y volví a subir a continuar haciéndole la respiración, enseguida subieron dos médicos y me apartaron, apareció un tercero con un carro de paradas, que lo dispuso todo para usarlo en Rubén. A la que me di cuenta, una cuarta persona se puso a mi lado y me frotaba la espalda, la abracé y cerré los ojos intentado obviar lo que estaba pasando a mi alrededor, intentando no oír las descargas del desfibrilador, queriendo imaginar que soñaba lo que acababa de pasar, queriendo olvidar que oí que era inútil, no paraba de llorar como una magdalena, hasta que de repente las descargas pararon para ser sustituidas por un pitido muy pausado, pitido que lo primero que me vino a la mente fue la máquina que marca el pulso del corazón. Me giré y pude ver como el pecho de Rubén subía y bajaba, respirando.

Me sequé las lágrimas y me dispuse a acercarme, más bien intenté acercarme a él para abrazarlo, pero no me dejaron, ¿porque no le dije que le quería? Porque seré tan vergonzosa… tuve todo el día para hacerlo y no lo hice, al igual que la semana pasada, al igual que los tres meses que vamos quedando juntos… Me echaron una manta por encima y bajamos por las escaleras detrás de la camilla, fuera vi la ambulancia esperando con las puertas abiertas, le miré a la cara mientras lo entraban en ese vehículo amarillo, cuando veo que Rubén abrió los ojos, y como muy torpemente, con su mano izquierda, abría y encogía su dedo índice, como queriendo que me acercara, las lágrimas volvieron a brotar en mi, esta vez si me dejaron acercarme, le abracé como pude intentado no apretarle lo más mínimo, mientras que mis lágrimas empapaban su frente. Él, con su mano izquierda se retiró muy lentamente la mascarilla que le inyectaba el aire, y con la derecha bajó mi cabeza hasta poner mi oreja a la altura de su boca. Y pude escuchar su voz, a un volumen apenas audible, y hablando muy pausadamente.

-Pe… perdona… por no habértelo dicho… antes… eres… lo mejor… que me ha pasado… en la vida… Te quiero…

Rápidamente me volvieron a apartar, para dejarme ahí, en medio de la calle, como un pasmarote, le pusieron el respirador al sitio a la vez que el pulsómetro convirtió las lentas pulsaciones que había estado emitiendo hasta ahora en un pitido constante, augurando lo peor, mientras que una lágrima nacía en su ojo, recorría el valle de su cara, para al fin naufragar en la camilla…

Y ahí me quede, sin saber qué hacer, esperándolo, para no verlo volver… nunca más…


viernes, 28 de noviembre de 2008

Ahogando las penas

-Rellénemelo por favor-. Le dije al camarero, un hombre que superaba la cuarentena, con el pelo moreno y corto, a conjunto con la calvicie, que le había dejado un para nada estético claro en mitad de la cabeza, con su barriga cervecera y seguramente en baja forma. Se giró, cogió la botella de Jack Daniel’s y lleno medio tubo, antes de que la retirara, le cogí por la muñeca.

-Doble…

Vertió más whisky hasta llegar a la parte de arriba.

-¿Ahogando las penas? – Sonrió y dejó de nuevo la botella a su sitio mientras se fue a atender a otra persona. El bar… bueno… más bien… en el antro de emergencia, pues estaba un tanto… bueno… seamos sinceros… considerablemente sucio, tanto el suelo, como los asientos… joder… y los vasos.

Ahogar las penas lo llaman… y es cierto…aunque creo que todavía no bebí suficiente ni como para poder ahogar mi ya hundida autoestima.

Amor… ¿Cómo explicarlo? Lo pienso y no hallo las palabras, pero sin duda, el tiempo que lo estuve, y que por desgracia lo sigo estando, he pasado los mejores momentos de mi vida… Hasta ahora. Hasta que te das cuenta que algo pasa, pero estabas tan ciego que ni te has dado cuenta y lo que podría haber sido un pequeño tropezón ha acabado siendo una fuerte caída desde lo más alto del jodido Empire State.

Os preguntaréis. ¿Qué le ha pasado a este hombre? Os contare mi historia, aunque breve, aprovechad para ir a por unas palomitas…

Todo empezó cuando la conocí… era preciosa, pero no una belleza como esas “mujeres de diez” según la revistas, simplemente era bella, y con una sonrisa radiante, siempre me han atraído las que lucen una bonita sonrisa, una sonrisa divina. Desde el primer instante, la primera mirada, por fugaz que fuera, me dejó prendado. ¿Recordáis alguna vez el sentir como que todo se parara? ¿Que todo avanza lentísimo? Así fue, ahí estaba, y nosotros nos dirigíamos hacia donde ella se encontraba. Bendita suerte. Mayor fue cuando Roberto se dirigió a ella y le dio dos besos… Maldita sea, quien me hubiera visto la cara se hubiera pensado que tenía algún problema mental, y para más inri seguro que solo me faltaba babear. Un codazo de mi amigo Luís me sacó de mi ensimismamiento.

-Chicos, os presento a Clara.

Cada uno de mis amigos le fue diciendo el nombre y luego se daban los típicos dos besos en la mejilla… hasta que llegué yo…

-… Me, me llamo Al… Alberto.

Por Dios… debí parecer imbécil, menos mal que para mi tranquilidad, hizo un leve asentimiento con la cabeza y automáticamente volvió a lucir esa amplia sonrisa. Acto seguido nos dirigimos a otra parte del pub, pese a que cada uno estaba con sus divagaciones mentales yo solo pensaba en ella, y en esperar volvérmela a encontrar otra vez, a ser posible sin el resto de borregos.

Y si… esa fue la primera vez que la vi, a la tercera vez que volví al pub, la volví a encontrar, no pensaba desistir hasta volver a verla… bueno… Nos fuimos conociendo, menos mal que parece ser que le caí en gracia, y no es que sea el típico baboso, así que poco a poco fuimos quedando alguna que otra vez entresemana, un cine, una cena…

Ahora creo a mis amigos cuando me dijeron, te lo vas a tener que currar. Oh, ese consejo me sirvió de mucho… nótese la ironía, cuando les dije que quería salir con ella… y así fue… ¡No hay quien entienda a las mujeres! Maldita sea, yo nunca había tenido novia, y eso que ya tenía la veintena, y pasé también de los consejos de los amigos, en ese ámbito, si la quería conquistar, yo mismo buscaría el modo.

Y qué más deciros… Tras insistencia, y desgraciadamente, bastantes chascos, así como malas noches, lo logré, no desistí en ningún momento y al final me dijo que sí, que saldría conmigo, no me lo creía ni yo, ¿ella conmigo? Me lo dicen hace seis meses y no me lo hubiera creído.

A partir de ahí los mejores días de mi vida se sucedieron. Yo era feliz con ella, y ella lo era conmigo, nos queríamos muchísimo… Pero todo lo bueno acaba… ¿no?...

En la multinacional en que trabajaba empezó a gustarles su trabajo y al parecer le fueron planteando con el tiempo el mover a otra ciudad, con mejor salario. Mas de uno de sus compañeros me dejaron caer que parecía que lo estaba pensando mas ella no me iba a abandonar, pensé yo. Hasta que finalmente un día las falsas elucubraciones del nuevo puesto en Kuwait fueron verdades y ya podéis imaginar lo que dijo ella. 

-Alberto… tenemos que hablar.

Tenemos que hablar… maldigo cien veces a aquel que hizo por primera vez la unión de estas tres palabras. Lo dejamos… si, rompimos ahí mismo, me dejo, me dejo solo… tal y como apareció en mi vida, se iba a ir… y yo no podría hacer nada. Mi corazón sintió como un hierro candente lo atravesara bajo la jocosa mirada de un torturador.

Cuentan que el tiempo cura las heridas… mas yo pienso que hay heridas que nunca cerrarán.

Y aquí estoy… sentado en este bar… pensando que hacer… Ahora ya hace dos semanas que se ha ido de casa y yo estoy peor que el primer día, ya nada tiene sentido, no sin ella… hay un agujero en mi vida, en mi alma que sé que ya nunca volveré a llenar. Tan solo recuerdo su figura… camino a la estación, con su melena al viento… y su inconfundible perfume… Algo me emborrona la visión, mis ojos se están ahogando en sus propias lágrimas… Echo mano a la cartera, dejo veinte euros en la barra y me voy de ese antro de mala muerte, no sin antes matar el whisky, del que ya se ha derretido el cubito, de un solo trago.

Me ciño bien la bufanda al cuello y me abrocho hasta arriba la chaqueta. Suspiro fuertemente, y surge ese humito blanco. Ese humito con el que estaría jugando hace años haciendo como que estábamos fumando, veo el humo subir hacia el cielo, y me recuerda a ella cuando fumaba uno de sus cigarros… La veía en todos los sitios… por la calle, en los escaparates, dentro de que aquel restaurante... y sonriendo, la misma sonrisa que me había dedicado en mis momentos más difíciles, sonrisa que me bastó para olvidarme de cualquier pena y volver en mi, sonrisa que no me va a volver a reconfortar… mis lágrimas vuelven a emerger. ¿Soy masoquista? ¿Porque no puedo dejar de pensar en ella?... En el fondo no lo deseo… sé que me voy a acordar de ella hasta el fin de mis días… Y continúo calle arriba… La noche está bastante entrada, las farolas que han sobrevivido al gamberrismo y que aún pueden alumbrar iluminan la calle, dándole un aspecto lúgubre, más aún cuando tan solo se oyen mis lentos pasos cada vez que piso el empedrado. Tengo unas ganas enormes de llegar a casa y dormir, dormir de una vez por todas y a ser posible… ojalá fuera para siempre si así pudiera borrarla de mi mente.

Entro por el portal, subo las escaleras, y cuando abro la puerta de mi casa, la creo ver ahí, en mitad de mi comedor, ¿es que nunca me la voy a quitar de la cabeza?… tan guapa como siempre, viste su camisón de seda de color blanco, con un ribeteado por los bordes precioso, lo recuerdo perfectamente, era su camisón preferido, con su melena morena, tan oscura como la noche cayendo por sus hombros y su cara… sus ojos… siempre adoré esos ojos, azules… reflejaban claramente su personalidad como si de un espejo se tratase… un azul como el mar, un mar basto e indómito, sin reglas, puede ofrecerte un navegar placentero, o también puede revolverse y convertirse en la peor de las tormentas.

Pero esta vez algo no va bien… de sus ojos, nace una lágrima que recorre su rostro hasta naufragar en sus labios… labios que no esbozan sonrisa alguna, es más, puedo distinguir como empiezan a temblar, y a la vez que reparo en ello corre hacia mí y me abraza… me abraza fuertemente, a la vez que la oigo llorar… esta vez no es mi imaginación, puedo oler su inconfundible perfume… esta aquí y está llorando, me está abrazando y yo sigo sin creérmelo, todavía sigo en el mismo sitio y en la misma posición igual que entre y me pare en el recibidor mientras la observaba con detenimiento.

El sonido que provocan mis llaves y la chaqueta al caer preceden a un abrazo sin igual, la rodeo fuertemente, está aquí, conmigo, la puedo abrazar, la siento, su cuerpo contra mi cuerpo, su olor… no puedo creerlo, desde que se fue que soñaba con esto y ahora que ocurre, que está aquí conmigo, no entra en mi cerebro… lágrimas manan también de mis ojos como no, avisando de que el llanto está próximo y no se hace esperar.

-Te eché tanto de menos… -apenas pude balbucear-.

Se separó un poco de mi cuerpo para poder mirarme a la cara. El silencio imperaba en la habitación, y mientras, nos quedamos mirándonos fijamente unos segundos… aleje el cabello de su cara, nuestros párpados se fueron entrecerrando poco a poco, a la vez que nuestros labios se juntaron en un pasional beso, podía sentir la tibieza de los suyos, esos labios que tanto anhelaba… nuestros alientos se mezclaron para crear un sabor indescriptiblemente dulce, con el otro brazo la sujetaba fuertemente, no la volviera a dejar escapar… no, esta vez no… nuestras lenguas, cual llamas de fuego, se entrecruzaban para extinguirse la una a la otra en una lucha sin final. Rodeó mi cuello con sus brazos… despacio… nuestros labios se separan muy lentamente, dejándolos con hambre de más, de no parar… ella lleva su mano hacia mi mejilla, y la acaricia… para abrir la boca y decir algo que siempre quería oír y que nunca fue tan sincero como aquella vez…

-Te quiero…