lunes, 30 de marzo de 2009

A veces pienso lo que digo, a veces creo que no se lo que digo, mas lo que digo no tiene porque ser lo que creo pese a ser un gran error y por ello debo redimirlo.

El devenir del tiempo y su inexorable avance me incita a reflexionar, liberar la mente y pensar, es entonces cuando veo que si pienso lo que digo mis palabras ganan mas peso y es entonces cuando veo que es lo correcto, es por eso que no encuentro motivos para alzar la voz y pregonarlo a los cuatro vientos.

Basta con saber que uno hace las cosas bien, despacito y con buena letra, demasiadas veces son las que nos gustaría que alguien nos diera ese empujoncito y nos susurrara al oido diciéndonos que vamos por el buen camino, mas uno mismo debe darse cuenta que si avanzamos poco a poco llegaremos a tiempo.

El autodescubrimiento, es conocerse a si mismo. Nadie se conoce bien a si mismo, nadie sabe describirse dando una descripción completamente fidedigna de uno mismo, es por eso que debemos explorarnos a nosotros mismos, pues no descubriremos el mar si no abandonamos la costa.

Aprovechad estos dias para pensar, para disfrutar, para descansar, leer, reflexionar, averiguar, descubrir, sonreir, sentiros bien, pues pensad que la sonrisa es algo propia de la vida, ¿o acaso hay algun bebe que no sonria?.

Dejad el cuerpo en vuestra carcel personal, que repose tranquila en el manicomio, mas llevad a la mente bien lejos del purgatorio.

Una gran parte de nosotros yace sumergida en el subsconsciente, ¿Hasta donde lograréis llegar?

sábado, 6 de diciembre de 2008

Un paseo para el recuerdo

Saludos reos... esta noche viene de la mano otro relato, no os podeis quejar, ultimamente os estoy dando demasiado cosa con que entreteneros... en fin... disfrutad...



Otra cita más, otra tarde de invierno esperaba cual estatua ecuestre al lado de la cafetería donde siempre quedábamos. Hacía un frío que helaba las piedras, seguro que un esquimal se sentiría como en casa, y para empeorar, los minutos parecía ser que no avanzaran, ya no sabía si llegaba tarde o es que llegué media hora antes… como siempre. Miré el reloj, las cinco y media, pasaban ya diez minutos, no es mucho, a saber lo que faltaba… gracias a dios, esa tardanza siempre ha creado en mi esa sensación en la barriga, esa especie de cosquilleo, que permanecerá hasta verla aparecer.

No dejaba de mirar hacia la esquina por la que siempre dobla, a cada dos por tres, no podía evitar lanzar alguna fugaz mirada hacia mi reloj, muy rápida, quería verla justo cuando apareciera, no cuando ya estuviera a mi lado. Pasaron diez minutos, quince, veinte y casi tocaban las seis cuando Alicia torció la esquina, la miré sonriente, ella sonrió también cuando me vio, haciéndole aparecer esos hoyuelitos en los mofletes, apenas distinguibles, porque iba abrigada hasta las orejas. De debajo del gorro se podía entrever que llevaba su corta melena recogida en una coleta, esos preciosos ojos verdes, y la sonrisa de oreja a oreja que me estaba dedicando. No es que tenga un cuerpo de modelo ni mucho menos, pero es agradable y simpática, siempre me sentí atraído por ella, pero nunca tuve el valor de decirle nada...

Cuando llegó a mi lado nos dimos dos besos y un pequeño abrazo.


-Disculpa… ¿llevas mucho tiempo esperando?

- Ah, ni idea, el tiempo pasó volando… bueno, el parque nos espera, ¿vamos? –Le dediqué una sonrisa a la vez que ella se cogió de mi brazo, risueña como siempre, y nos dirigimos tranquilamente al parque donde últimamente íbamos a dar un paseo a un parque precioso que había a apenas quince minutos del centro de la ciudad a contemplar el estanque congelado y los árboles cubiertos de nieve.

-Mierda –Pienso para mi mismo-

De repente sentí un pinchazo en el corazón, y como bien predije, a los pocos segundos, empezó a bombear a una velocidad alarmante. Rápidamente y sin que Alicia se diera cuenta cogí las pastillas que me recetó el médico para estos casos con el otro brazo y me la tomé, a los pocos segundos, el corazón retomó su ritmo normal. No es nada preocupante, y me pasa muy pocas veces, así que no había porque alarmarse, además, esta tarde la iba a dedicar solo a ella.

Casi todo el paseo permanecíamos callados, me dijeron una vez que manténgase callado si usted no puede mejorar el silencio. Entre mi timidez y la suya, alguna vez reíamos por un par tonterías y poco más… básicamente paseábamos y nos sentíamos bien el uno con el otro… Quizás ahora sería buen momento para decirle que la quiero… o mejor la sorprendo con un beso… no se qué hacer… quizás sino fuera tan tímido… venga va, ahora, me paro, la tomo por los hombros y se lo di…

No pude acabarlo, a la que me di cuenta, Alicia me había quitado el gorro y corría con él mientras se deshacía en carcajadas. Pues no iba a quedarme atrás, pensé, me lancé detrás de ella a seguirle el juego, ya que no parecía que iba a detenerse. Tampoco corrí a fondo para hacerlo un poco más largo, pero finalmente la alcancé y aprovechó para tirarme de espaldas contra un montón de nieve. Ella se dejó caer de lado y se quedo mirándome fijamente a la vez que sonreía… Ahora era el momento, no, espera, parecía que ella fuera a decir algo, abrió la boca, pero no dijo nada, y los mofletes se le sonrojaron un poco. Vamos Rubén, lánzate de una maldita vez… pero no me lancé, lo único que hice fue tenderle el gorro que me ha cogido.

-Para ti. –Ella puso cara un tanto extrañada-. Si es un regalo, toma.

-¿Porque?

-Somos amigos… ¿no puedo regalarte algo porque si? –Se encogió de hombros y lo cogió a la vez que sonreía, esa sonrisa me volvía loco, hacia que la quisiera más… si eso era posible… Nos sacudimos la nieve y dejamos el paseo por esa tarde.

Cuando fuimos a separarnos, ella se ruborizó un poco y volvió a abrir la boca, pero esta vez habló.

-Quizás hoy querrías acompañarme a casa… y no sé, siempre podríamos hacer algo… ver una película o lo que sea… ya que siempre damos la vuelta y cada uno marcha por su lado, nunca hacemos nada distinto…

No me lo creía ni yo, había sido ella la que al final se había lanzado y que encima decía de hacer algo distinto… me falta valor a veces… o siempre…

-Claro, vamos. –Ahora ya sí que no podía dejar de sonreír como un tonto, seguramente si estuviéramos luego un poco más tranquilos podría intentar declararme… quizás me lo diga ella pero no se… creo que Alicia siente lo mismo, aunque también es vergonzosa como yo… a veces quisiera no pensar, simplemente actuar… pero nunca pasa…

El tiempo de llegar a su casa se me pasó volando, nada más que pensaba cuando decírselo y a la que me quise dar cuenta ya estábamos ahí.

-Aquí es. –Rebuscó en su bolso, sacó las llaves y pasamos dentro.

Ya sabía que vivía en una casa, pero ahora que la veo, es sencillamente impresionante, las pareces estaban llenas de cuadros, y todos los muebles tenían cierto aire renacentista, siempre me gustó el arte y la verdad, esa casa parecía haber sido diseñada por el mismísimo Brunelleschi. Una vez en la parte de arriba, abrió una puerta que daba a una habitación que rompía la temática con el resto de la casa. Simplemente era una habitación normal, con un sofá enorme de piel, y justo delante de él, enmarcada en un armario lleno de películas una pantalla de plasma de unas dimensiones gigantescas.

Lo primero que hicimos fue quitarnos los abrigos y las bufandas, hacía frio, pero no el mismo que en la calle, por lo que Alicia encendió una estufa.

-¿Cual quieres ver? –Dijo a la vez que rebuscaba en esa cantidad ingente de películas.

-Pues… no sé, la que te apetez…

-¿Qué te parece Un paseo para recordar?

-Perfecto -. No sé porque, pero me huele a pastelada… al menos la veré con buena compañía...

Puso la película y rápidamente se acercó al sofá, se sentó y se recostó junto a mí… Pensé en decírselo en aquel momento… pero no, me rendí, por aquel día hubo suficiente, quizás me diría que no, y no quería estropear ese momento… le pasé el brazo por detrás de la espalda y apoyé mi cabeza contra la suya, mientras que me quedé mirando la película y alegrándome de poder estar junto a ella otro momento más…

Al cabo de bastantes minutos me desperté, mierda, esperé que no se lo tomara a mal. La película aún seguía y para sorpresa la mía, ella también dormía, apoyada en mi regazo… retiré con suavidad la melena de su cara y me quedé mirándola, embobado… podría haber estado así hasta el día del juicio final… de repente, noté otro pinchazo en el corazón, corrí a echar mano de las pastillas, pero… ¡esta vez el corazón no se acelera!, menos mal, una alegría, noté como el calor hacía mella en mi y sentí como mis párpados empezaban a pesarme más… y más… y me volví a dormir…

Abrí los ojos y vi que la película se ha acabado… ¿y esto? Vaya, me dormí en el regazo de Rubén, que también se había quedado dormido, que bueno es… ni siquiera me despertó. Miré el reloj. ¡Las diez ya! Me apresuré a despertar a Rubén, le cogí del hombro y le sacudí un poco.

-Rubeeen despiertaaaa –Canturreé-.

Pero Rubén no se despertó.

-¿Rubén? –Le volví a sacudir, un poco más fuerte, esa vez cayó de lado sobre el sillón y tampoco se movió, no pude evitar reprimir un gemido.

-¿Rubén? Si esto es una broma no tiene nada de gracia -. Dije bastante nerviosa, me acerqué a él y le busqué el pulso en el cuello, pero no lo encontré, el corazón no le latía. Reaccioné lo más rápido que pude, y me lancé a por un móvil para llamar a la ambulancia, pero casi ni podía teclear los números correctos, los dedos me temblaban como si fueran flanes y apenas podía coger bien el teléfono, y peor aún, las mismas lágrimas que están empapando el móvil, eran las mismas que inundaban mis ojos.

Finalmente logré marcar el número, pero entre mis lloros y mis balbuceos no sé si se habrán enterado de la calle o incluso de la ciudad… respiré profundamente intentado relajarme, no pude, y luego me dispuse a hacerle la respiración artificial, tal y como me habían dicho por teléfono, aunque más que devolverle a la vida creo que lo ahogaba a cada lágrima mía que resbala sobre su inerte rostro, tras lo que me pareció una angustiosa eternidad empecé a oír una sirena. Rápidamente abrí la puerta de la entrada y volví a subir a continuar haciéndole la respiración, enseguida subieron dos médicos y me apartaron, apareció un tercero con un carro de paradas, que lo dispuso todo para usarlo en Rubén. A la que me di cuenta, una cuarta persona se puso a mi lado y me frotaba la espalda, la abracé y cerré los ojos intentado obviar lo que estaba pasando a mi alrededor, intentando no oír las descargas del desfibrilador, queriendo imaginar que soñaba lo que acababa de pasar, queriendo olvidar que oí que era inútil, no paraba de llorar como una magdalena, hasta que de repente las descargas pararon para ser sustituidas por un pitido muy pausado, pitido que lo primero que me vino a la mente fue la máquina que marca el pulso del corazón. Me giré y pude ver como el pecho de Rubén subía y bajaba, respirando.

Me sequé las lágrimas y me dispuse a acercarme, más bien intenté acercarme a él para abrazarlo, pero no me dejaron, ¿porque no le dije que le quería? Porque seré tan vergonzosa… tuve todo el día para hacerlo y no lo hice, al igual que la semana pasada, al igual que los tres meses que vamos quedando juntos… Me echaron una manta por encima y bajamos por las escaleras detrás de la camilla, fuera vi la ambulancia esperando con las puertas abiertas, le miré a la cara mientras lo entraban en ese vehículo amarillo, cuando veo que Rubén abrió los ojos, y como muy torpemente, con su mano izquierda, abría y encogía su dedo índice, como queriendo que me acercara, las lágrimas volvieron a brotar en mi, esta vez si me dejaron acercarme, le abracé como pude intentado no apretarle lo más mínimo, mientras que mis lágrimas empapaban su frente. Él, con su mano izquierda se retiró muy lentamente la mascarilla que le inyectaba el aire, y con la derecha bajó mi cabeza hasta poner mi oreja a la altura de su boca. Y pude escuchar su voz, a un volumen apenas audible, y hablando muy pausadamente.

-Pe… perdona… por no habértelo dicho… antes… eres… lo mejor… que me ha pasado… en la vida… Te quiero…

Rápidamente me volvieron a apartar, para dejarme ahí, en medio de la calle, como un pasmarote, le pusieron el respirador al sitio a la vez que el pulsómetro convirtió las lentas pulsaciones que había estado emitiendo hasta ahora en un pitido constante, augurando lo peor, mientras que una lágrima nacía en su ojo, recorría el valle de su cara, para al fin naufragar en la camilla…

Y ahí me quede, sin saber qué hacer, esperándolo, para no verlo volver… nunca más…


viernes, 28 de noviembre de 2008

Ahogando las penas

-Rellénemelo por favor-. Le dije al camarero, un hombre que superaba la cuarentena, con el pelo moreno y corto, a conjunto con la calvicie, que le había dejado un para nada estético claro en mitad de la cabeza, con su barriga cervecera y seguramente en baja forma. Se giró, cogió la botella de Jack Daniel’s y lleno medio tubo, antes de que la retirara, le cogí por la muñeca.

-Doble…

Vertió más whisky hasta llegar a la parte de arriba.

-¿Ahogando las penas? – Sonrió y dejó de nuevo la botella a su sitio mientras se fue a atender a otra persona. El bar… bueno… más bien… en el antro de emergencia, pues estaba un tanto… bueno… seamos sinceros… considerablemente sucio, tanto el suelo, como los asientos… joder… y los vasos.

Ahogar las penas lo llaman… y es cierto…aunque creo que todavía no bebí suficiente ni como para poder ahogar mi ya hundida autoestima.

Amor… ¿Cómo explicarlo? Lo pienso y no hallo las palabras, pero sin duda, el tiempo que lo estuve, y que por desgracia lo sigo estando, he pasado los mejores momentos de mi vida… Hasta ahora. Hasta que te das cuenta que algo pasa, pero estabas tan ciego que ni te has dado cuenta y lo que podría haber sido un pequeño tropezón ha acabado siendo una fuerte caída desde lo más alto del jodido Empire State.

Os preguntaréis. ¿Qué le ha pasado a este hombre? Os contare mi historia, aunque breve, aprovechad para ir a por unas palomitas…

Todo empezó cuando la conocí… era preciosa, pero no una belleza como esas “mujeres de diez” según la revistas, simplemente era bella, y con una sonrisa radiante, siempre me han atraído las que lucen una bonita sonrisa, una sonrisa divina. Desde el primer instante, la primera mirada, por fugaz que fuera, me dejó prendado. ¿Recordáis alguna vez el sentir como que todo se parara? ¿Que todo avanza lentísimo? Así fue, ahí estaba, y nosotros nos dirigíamos hacia donde ella se encontraba. Bendita suerte. Mayor fue cuando Roberto se dirigió a ella y le dio dos besos… Maldita sea, quien me hubiera visto la cara se hubiera pensado que tenía algún problema mental, y para más inri seguro que solo me faltaba babear. Un codazo de mi amigo Luís me sacó de mi ensimismamiento.

-Chicos, os presento a Clara.

Cada uno de mis amigos le fue diciendo el nombre y luego se daban los típicos dos besos en la mejilla… hasta que llegué yo…

-… Me, me llamo Al… Alberto.

Por Dios… debí parecer imbécil, menos mal que para mi tranquilidad, hizo un leve asentimiento con la cabeza y automáticamente volvió a lucir esa amplia sonrisa. Acto seguido nos dirigimos a otra parte del pub, pese a que cada uno estaba con sus divagaciones mentales yo solo pensaba en ella, y en esperar volvérmela a encontrar otra vez, a ser posible sin el resto de borregos.

Y si… esa fue la primera vez que la vi, a la tercera vez que volví al pub, la volví a encontrar, no pensaba desistir hasta volver a verla… bueno… Nos fuimos conociendo, menos mal que parece ser que le caí en gracia, y no es que sea el típico baboso, así que poco a poco fuimos quedando alguna que otra vez entresemana, un cine, una cena…

Ahora creo a mis amigos cuando me dijeron, te lo vas a tener que currar. Oh, ese consejo me sirvió de mucho… nótese la ironía, cuando les dije que quería salir con ella… y así fue… ¡No hay quien entienda a las mujeres! Maldita sea, yo nunca había tenido novia, y eso que ya tenía la veintena, y pasé también de los consejos de los amigos, en ese ámbito, si la quería conquistar, yo mismo buscaría el modo.

Y qué más deciros… Tras insistencia, y desgraciadamente, bastantes chascos, así como malas noches, lo logré, no desistí en ningún momento y al final me dijo que sí, que saldría conmigo, no me lo creía ni yo, ¿ella conmigo? Me lo dicen hace seis meses y no me lo hubiera creído.

A partir de ahí los mejores días de mi vida se sucedieron. Yo era feliz con ella, y ella lo era conmigo, nos queríamos muchísimo… Pero todo lo bueno acaba… ¿no?...

En la multinacional en que trabajaba empezó a gustarles su trabajo y al parecer le fueron planteando con el tiempo el mover a otra ciudad, con mejor salario. Mas de uno de sus compañeros me dejaron caer que parecía que lo estaba pensando mas ella no me iba a abandonar, pensé yo. Hasta que finalmente un día las falsas elucubraciones del nuevo puesto en Kuwait fueron verdades y ya podéis imaginar lo que dijo ella. 

-Alberto… tenemos que hablar.

Tenemos que hablar… maldigo cien veces a aquel que hizo por primera vez la unión de estas tres palabras. Lo dejamos… si, rompimos ahí mismo, me dejo, me dejo solo… tal y como apareció en mi vida, se iba a ir… y yo no podría hacer nada. Mi corazón sintió como un hierro candente lo atravesara bajo la jocosa mirada de un torturador.

Cuentan que el tiempo cura las heridas… mas yo pienso que hay heridas que nunca cerrarán.

Y aquí estoy… sentado en este bar… pensando que hacer… Ahora ya hace dos semanas que se ha ido de casa y yo estoy peor que el primer día, ya nada tiene sentido, no sin ella… hay un agujero en mi vida, en mi alma que sé que ya nunca volveré a llenar. Tan solo recuerdo su figura… camino a la estación, con su melena al viento… y su inconfundible perfume… Algo me emborrona la visión, mis ojos se están ahogando en sus propias lágrimas… Echo mano a la cartera, dejo veinte euros en la barra y me voy de ese antro de mala muerte, no sin antes matar el whisky, del que ya se ha derretido el cubito, de un solo trago.

Me ciño bien la bufanda al cuello y me abrocho hasta arriba la chaqueta. Suspiro fuertemente, y surge ese humito blanco. Ese humito con el que estaría jugando hace años haciendo como que estábamos fumando, veo el humo subir hacia el cielo, y me recuerda a ella cuando fumaba uno de sus cigarros… La veía en todos los sitios… por la calle, en los escaparates, dentro de que aquel restaurante... y sonriendo, la misma sonrisa que me había dedicado en mis momentos más difíciles, sonrisa que me bastó para olvidarme de cualquier pena y volver en mi, sonrisa que no me va a volver a reconfortar… mis lágrimas vuelven a emerger. ¿Soy masoquista? ¿Porque no puedo dejar de pensar en ella?... En el fondo no lo deseo… sé que me voy a acordar de ella hasta el fin de mis días… Y continúo calle arriba… La noche está bastante entrada, las farolas que han sobrevivido al gamberrismo y que aún pueden alumbrar iluminan la calle, dándole un aspecto lúgubre, más aún cuando tan solo se oyen mis lentos pasos cada vez que piso el empedrado. Tengo unas ganas enormes de llegar a casa y dormir, dormir de una vez por todas y a ser posible… ojalá fuera para siempre si así pudiera borrarla de mi mente.

Entro por el portal, subo las escaleras, y cuando abro la puerta de mi casa, la creo ver ahí, en mitad de mi comedor, ¿es que nunca me la voy a quitar de la cabeza?… tan guapa como siempre, viste su camisón de seda de color blanco, con un ribeteado por los bordes precioso, lo recuerdo perfectamente, era su camisón preferido, con su melena morena, tan oscura como la noche cayendo por sus hombros y su cara… sus ojos… siempre adoré esos ojos, azules… reflejaban claramente su personalidad como si de un espejo se tratase… un azul como el mar, un mar basto e indómito, sin reglas, puede ofrecerte un navegar placentero, o también puede revolverse y convertirse en la peor de las tormentas.

Pero esta vez algo no va bien… de sus ojos, nace una lágrima que recorre su rostro hasta naufragar en sus labios… labios que no esbozan sonrisa alguna, es más, puedo distinguir como empiezan a temblar, y a la vez que reparo en ello corre hacia mí y me abraza… me abraza fuertemente, a la vez que la oigo llorar… esta vez no es mi imaginación, puedo oler su inconfundible perfume… esta aquí y está llorando, me está abrazando y yo sigo sin creérmelo, todavía sigo en el mismo sitio y en la misma posición igual que entre y me pare en el recibidor mientras la observaba con detenimiento.

El sonido que provocan mis llaves y la chaqueta al caer preceden a un abrazo sin igual, la rodeo fuertemente, está aquí, conmigo, la puedo abrazar, la siento, su cuerpo contra mi cuerpo, su olor… no puedo creerlo, desde que se fue que soñaba con esto y ahora que ocurre, que está aquí conmigo, no entra en mi cerebro… lágrimas manan también de mis ojos como no, avisando de que el llanto está próximo y no se hace esperar.

-Te eché tanto de menos… -apenas pude balbucear-.

Se separó un poco de mi cuerpo para poder mirarme a la cara. El silencio imperaba en la habitación, y mientras, nos quedamos mirándonos fijamente unos segundos… aleje el cabello de su cara, nuestros párpados se fueron entrecerrando poco a poco, a la vez que nuestros labios se juntaron en un pasional beso, podía sentir la tibieza de los suyos, esos labios que tanto anhelaba… nuestros alientos se mezclaron para crear un sabor indescriptiblemente dulce, con el otro brazo la sujetaba fuertemente, no la volviera a dejar escapar… no, esta vez no… nuestras lenguas, cual llamas de fuego, se entrecruzaban para extinguirse la una a la otra en una lucha sin final. Rodeó mi cuello con sus brazos… despacio… nuestros labios se separan muy lentamente, dejándolos con hambre de más, de no parar… ella lleva su mano hacia mi mejilla, y la acaricia… para abrir la boca y decir algo que siempre quería oír y que nunca fue tan sincero como aquella vez…

-Te quiero…








martes, 25 de noviembre de 2008

Música

Quizás va siendo hora de poner algo mas alegre... pero por supuesto tratando las cosas como las he tratado hasta ahora, con un buen raciocinio... La música... estoy loco por la música, la hay de mil estilos y variedades, y para todos los estados de ánimo, la música es sin duda... el mejor descubrimiento que hizo el hombre (vaya, algo bueno tenemos).

Me encanta esa música... que la escuchas una y otra vez... pero nunca te cansas de ella, esa música que te sumerjes en ella, que nada entre las notas y bailas entre los acordes, que cuando llega al éxtasis te pone la piel de gallina (al decir éxtasis no me estoy refiriendo a la maquina, disculpad el cambio de tema, continuo refiriéndome a VERDADERA música) si, con mayúsculas. La música clásica, la madre de toda la música que hay en día, aunque hay muchos estilos que dicen llamarse música, pero que podría también hacer esa "música" un obrero con un martillo neumático.

¿A quien no se le ha puesto la piel de gallina al escuchar por primera vez el carmina burana? Música que llega dentro, dentro del alma, que nos cala hondo, y que disfrutamos con ella. Música con armonía, con tonos y notas, escalas y acordes. No con sonidos electrónicos y donde la droga la toman para sentir mas esa música (no me extraña yo escucho maquina, techno o reggeton y puedo aguantarlo, por supuesto no critico a la gente que lo escucha, sencillamente a eso no lo considero música.) Bueno, el reggeton, regaeton, requeson o como se escriba si que la tiene, pero una música donde las letras son tan sumamente vejatorias para cualquier mujer que se precie, no me gustan y ni la respeto para nada. Espero no haver ofendido a nadie, y so lo he hecho, poneos a oir beethoven, y relajaros.


Compañeros de celda, esta noche sonará la sonata claro de luna para que podamos dormir en paz (y descansar en paz a los que le toque...)




viernes, 21 de noviembre de 2008

Dolor

Como duele fingir estar bien... ¿Porqué el humano?... las personas, ¿nos ponemos a reflexionar una y otra vez sobre lo mismo?...nos duele... lo sabemos, lo hemos pasado, el mal momento, un angustioso rato, te lo pasas bien, todo se va por la borda, lo que sea no acaba como mas desearas... ya sea con una pareja, amigo...

Si, nos duele, admitámoslo... ¿pero nos olvidamos de ello? NO

Es más, pensamos en ellos una y otra vez, cual burdos masoquistas... no nos gusta el dolor, pero no lo podemos evitar, una y otra vez lo mismo vuelve a pasar por nuestro cerebro... nos atormenta.... ¿desconectar? jamas. ¿no pensar en ello? no es tan facil.

Es muy curioso el ser humano, quizas nunca nos llegaremos a entender ni a nosotros mismos...

Que hacer?

Que alguien nos lo diga....y tomad nota mis reclusos....