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sábado, 1 de noviembre de 2008

La caverna

A Luís, como deberes de escuela, le habían dicho que tenía que ir un día a trabajar con su padre, para que vieran de que trabajaba. El padre de Luís era espeleólogo. Llegó el día, y se fueron a la montaña, y claro...que va a hacer un niño de siete años? pues lo que hacen los niños de siete años, se puso a jugar, y una vez dentro de la cueva lo mismo, su padre enseñándole lo que son las estalagmitas y las estalactitas, y Luís se dedicaba a patear piedras. Llegó un momento en el que llegaron a un tramo de la caverna en la que había un enorme agujero y pasaron con mucho cuidado. Luis le dijo a su padre...

-Papa.... tengo miedo...miedo....miedo....miedo
-. Resonó por la caverna.


Al pequeño se le encogió el corazón, así que lo que su padre hizo, fue abrazarlo y decirle...


-Tranquilo hijo, escucha... Cariño... cariño... cariño.... vida... vida...vida... vida... amor... amor... amor...-. Resonó esta vez.


La vida nos devuelve lo que nosotros le damos, si vamos pensando siempre lo que no toca, siendo pesimistas, todo lo veremos igual, y rara vez nos daremos una alegría. Sonreíd, ved las cosas con otra cara y todo os irá de fábula. ...hora del rancho compañeros.



El Leñador

Existió un gran leñador una vez, era un hombre grande y fornido, y el solo, era capaz de realizar la misma tarea que realizaban varios hombres un día.

Hasta que llegó un momento, en que el hombre, empezó a cortar menos árboles, y cada vez menos. Empezó a dedicar más de su tiempo, pero nada, cada vez menos, cada vez menos.

Finalmente un día, su capataz le dijo:

-¿Cuando fue la última vez que afilaste tu hacha?

-Nunca la afilé, tan solo me dediqué a cortar.

Lógicamente, el filo de su hacha se había quedado tan romo como si de un martillo se tratase.


Compañeros de celda, vivid la vida al máximo, haced todo lo que podáis, no os encasilléis en algo, o el hacha perderá su filo. Salid, reíd y disfrutad, hasta así llegar a romper los barrotes de la celda.